Por Luis Felipe Ramos, Presidente del PL



El caso del doctor Milton Flores nos permite entender el estado actual de la penalización de la cannabis en Chile, las injusticias a las que esta puede dar lugar y la necesidad de una solución legislativa.

Como es sabido, Milton Flores fue condenado por autocultivo de cannabis, la cual era utilizada para fines medicinales y espirituales; es decir, una combinación entre el legítimo ejercicio de su profesión de médico con el legítimo ejercicio de su libertad de conciencia (quedando descartado cualquier presunción de tráfico). En efecto, la cannabis era utilizada en una organización que él lideraba con la finalidad de utilizarla científicamente pero en un contexto más amplio; es decir, uno en donde la salud no se reduce solamente al bienestar fisiológico, sino que supone un bienestar integral, el cual incluye un elemento espiritual.

Con posterioridad, su esposa también fue imputada por el mismo delito y por hechos similares. Sin embargo, en esta ocasión la Corte Suprema cambió su jurisprudencia, y en lugar de condenarla al igual que Milton, la absolvió. La nueva y correcta línea jurisprudencial se inspira en una concepción liberal del Derecho Penal ya que la Corte consideró que el autocultivo de cannabis llevado a cabo sin la finalidad de tráfico no afecta a otras personas ni tampoco a la sociedad, razón por la cual no debe ser sancionado penalmente.

Pero esta línea jurisprudencial es insuficiente ya que el Ministerio Público mantiene una política persecutoria incompatible con los criterios de la Corte, lo cual en la práctica significa que quien legítimamente ejerce el autocultivo deberá ser investigado, procesado y luego de un par de años de persecución estatal, deberá llegar hasta la Corte Suprema para que finalmente lo absuelva.

Por ello es tan importante que en el Congreso avance el proyecto de ley que despenaliza el autocultivo de la cannabis, ya que permitirá uniformar los criterios judiciales con los criterios persecutorios del Ministerio Público. Sólo de esta forma el ejercicio de la potestad punitiva del Estado será armónica con los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana, tal como lo exige la mismísima Constitución.

Como sociedad, respetuosa de los derechos fundamentales, deberíamos garantizar de que ninguna otra persona vuelva a padecer la injusta situación que vivió el Doctor Milton Flores, lo cual implica dotar al Estado de las herramientas legales e institucionales para que focalice su actuación en perseguir aquellas conductas (en este caso, el narcotráfico) que afectan los valores más básicos y destruyen la vida en sociedad, en lugar de penalizar a quienes no sólo ejercen legítimamente sus libertades, sino que además, a través del ejercicio de estas, ayudan a otras personas.

 Afortunadamente, tanto a Milton como a nuestra sociedad nos queda una oportunidad; a nuestra sociedad, para armonizar nuestras leyes con los derechos y libertades esenciales, aprobando una ley que despenalice al autocultivo de la cannabis; al doctor, quién seguirá luchando para demostrar su inocencia a través de una acción judicial que tiene por finalidad revisar lo actuado por el poder judicial.

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