Por David Gómez, vocero animalista del Partido Liberal


 

Una conspiración internacional, un ataque a las tradiciones del campo chileno y a la relación histórica del ser humano con los animales, más un cuestionamiento al liberalismo de los parlamentarios del Partido Liberal. Así se puede resumir la crítica realizada en la columna de Óscar Nuñez Llanca, de Soy Campo, publicada en El Mirador contra el proyecto que busca prohibir las carreras de perros en Chile.

Por muchos años las organizaciones por los derechos animales y cada persona que busque cambiar el paradigma con que nos relacionamos con los animales ha recibido todo tipo de críticas. No es algo que deba sorprender, desde circenses atacando violentamente a activistas hasta empresas ganaderas pidiendo que no se diga carne o leche vegetal a la carne y leche vegetal, la oposición y debate a ideas que son aparentemente nuevas son parte natural del proceso de cambio de nuestra sociedad. Por supuesto que se generan temores, especialmente si se trata de quienes son protagonistas de alguna actividad que se comienza a cuestionar, pero así es como tenemos una oportunidad para aclarar dudas que cualquier persona puede tener.

¿Por qué la columna acusa a la contraparte como una acción internacional? Sí existen organizaciones que trabajan en distintos países. También las hay a nivel exclusivamente local y otras que se organizan entre sí por un objetivo en común. Pero estas últimas no se muestran en la columna porque carecen del elemento «ataque a nuestra soberanía» con que se quiere ganar apoyos. Así se conecta ese aire chauvinista con la denuncia a una ofensiva contra «el campo chileno y sus tradiciones».

También la defensa al rodeo apela a la tradición e identidad. Tal como lo hicieron los circos con animales en su momento y, a lo largo de la historia, todos quienes se opusieron a la evolución moral de la sociedad, como cuando los vimos tratando de ridiculizar a las sufragistas o defendiendo la esclavitud. Sin embargo, si una actividad considerada tradición, ¿es de por sí buena? La respuesta no debería ser difícil. Si causa daños a terceros, la actividad es cuestionable. Y si quienes reciben el daño son animales, también deberíamos objetarla.

Los animales comparten muchas características con nosotros pero si queremos enfocarnos en una sola para decidir si deberíamos otorgarles derechos, en el sentido de darles consideración moral, podemos resaltar su capacidad de sentir. También tienen un sistema nervioso, que les da la facultad de sentir dolor, y las suficientes estructuras neurológicas como para sentir también miedo, estrés e incluso variados estados de ánimo. Estas son conductas que además han sido observadas y que cualquier persona que haya convivido con animales puede confirmar. Dadas estas características, utilizarlos como si fueran un recurso, propiedad, como en el caso de las carreras de perros, es una acción que atenta contra necesidades básicas de bienestar. Esto es algo que se ve más amenazado aún si el animal en cuestión es usado para fines lucrativos o espectáculo, ya que su bienestar pasa a ser secundario ante el uso determinado por su dueño.

Otra de las críticas hechas en la columna es una apelación al liberalismo, en cuanto a la libertad de ejercer nuestra propia voluntad, acusando a los diputados Mirosevic y Bernales de querer «imponer sus creencias filosóficas y religiosas». No obstante, es contradictorio justificar la intención de que el status quo se mantenga, que los “miles de años” de nuestra historia con los animales sean inmutables, con el liberalismo. ¿No es la esencia del ejercicio de nuestra libertad respetar la de los demás? Junto con eso, el liberalismo igualitario concibe la libertad mientras entreguemos el acceso a oportunidades y una conducta opresora es contraria a dicho valor.

Finalmente, si queremos seguir avanzando hacia una sociedad que tenga el respeto y la empatía como parámetros para tomar decisiones, tenemos que incluir a los animales. Y en particular, la prohibición a las carreras de perros se convierte en la opción si queremos protegerlos, en vez de una regulación. Hay legislación para la tenencia responsable y contra prácticas como apuestas ilegales o comercio de medicamentos, que no se ha respetado en esta actividad y limitarse a regularla es casi como hacer una norma para pedir que se respeten normas ya existentes, sumándose a que implica costos en su fiscalización. Mientras haya carreras, no se evitarán las situaciones de maltrato que enfrentan los animales al ser no más que propiedad, en lugar de seres sintientes, ni las demás externalidades negativas de la actividad.

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