COLUMNA: Liberalismo abortado, Por Luis Felipe Ramos.

El liberalismo es tan diverso que (parafraseando a Agustín Squella) quizás resulte más conveniente hablar de “liberalismos”, en vez de un solo “liberalismo”. En efecto, la diversidad salta a la vista luego de revisar las obras de John Locke, Adam Smith, J.S. Mill, John Rawls, Ronald Dworkin y Martha Nussbaum, sólo por nombrar a algunos de muchos.

En el ámbito más estrictamente político, en la federación de partidos liberales del mundo (esto es, la Internacional Liberal) también existe una amplia diversidad de liberalismos, tales como el liberalismo más clásico del VVD (partido de gobierno holandés), el progresista Partido Liberal canadiense de Justin Trudeau o Radikale Venstre de Dinamarca (ambos en la centroizquierda), entre otros. Sin embargo, pese a la diversidad existen ciertos consensos mínimos que permiten reconocerlos como liberales.

Constituye parte de este consenso mínimo el respeto a: la Democracia, los DDHH, al Estado de Derecho, al Estado Laico, al libre desarrollo de la personalidad y, por supuesto, la inexigibilidad de conductas heroicas (impuestas bajo la amenaza penal), como de hecho ocurría antes de la ley de despenalización de aborto en 3 causales.

Es en razón de lo anterior, que las posiciones adoptadas por Evópoli en materia de aborto (incluyendo últimamente la objeción de conciencia institucional) resultan tan incomprensibles desde la óptica del liberalismo. En efecto, en primera instancia Felipe Kast (el pre candidato presidencial de Evópoli) se opuso a despenalizar el aborto en 3 causales y, en segunda instancia (cuando tocaba implementar la ley), sin presión alguna de parte de sus aliados, se sumó al requerimiento de “Chile Vamos” ante el Tribunal Constitucional que finalmente sentenció que las clínicas privadas (que ejercen funciones delegadas del Estado con fondos fiscales) puedan recurrir a la figura de la objeción de conciencia institucional.

La confusión, tanto de Felipe Kast y como de Evópoli, no podía menos que abrir un debate que, en su versión editorializada, llevó a Carlos Peña a calificar al primero como “liberal descafeinado” y al segundo como “liberales a costa ajena”, además de afirmar que no se puede pretender ser liberal abrazando causas conservadoras.

Estas confusiones no son inofensivas ya que, ante la ciudadanía, algunos referentes liberales pueden terminar por vaciar de contenido al liberalismo como consecuencia de exponerlo haciendo defensa de sus “anti valores” y, para más remate, le hacen perder credibilidad como proyecto político. En efecto, qué tipo de credibilidad puede tener un liberalismo si recordamos la foto de José Piñera como Ministro de una dictadura que asesinó y violó los DDHH de miles de personas, o tal vez, su video de campaña presidencial cuando afirmaba estar en contra de todo tipo de aborto. Sin retroceder tanto en el tiempo, volvamos la memoria a un Axel Kaiser para quien existen “dictaduras menos malas” o si se prefiere, a Mauricio Rojas negando las violaciones a los DDHH de la dictadura cívico-militar.

Es cierto que Evópoli no se encuentra en ninguno de los extremos casos anteriores, y también es cierto que ellos pueden representar una evolución un poco más liberal respecto de la derecha chilena (eso sí, una derecha autoritaria, conservadora, confesional, intolerante y con compromiso parcial con la democracia), pero al mismo tiempo es clarísimo que representan una involución respecto de una causa liberal por excelencia como lo es la despenalización del aborto.

Resulta pertinente aclarar aquí que solo nos estamos refiriendo a la despenalización del aborto en 3 causales. Ni siquiera nos referimos a la despenalización del aborto libre, causa también bastante elemental para los liberales. Frente a ésta última, la involución mostrada por Evópoli es todavía más grande.

Esperamos que, si en el futuro los referentes de la derecha vuelven a apartarse del liberalismo, lo hagan sin intentar justificar la defensa de una causa conservadora con pretendidos argumentos liberales. De lo contrario, el liberalismo seguirá vaciándose de contenido y perdiendo credibilidad ante la ciudadanía.

En un contexto en donde las emergentes fuerzas de ultra derecha y ultra izquierda pretenden erosionar, cuando no eliminar, los consensos civilizatorios, cuidar la línea más básica e identitaria del liberalismo es un asunto de la mayor importancia, ya que han sido los proyectos liberales con una identidad claramente definida (tales como el liberalismo progresista de Trudeau, el liberalismo holandés de Mark Rutte y el liberalismo de Macron) los que han logrado detener las amenazas anti civilizatorias.

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