Un nuevo fantasma recorre Europa, el fantasma del neofascismo, así lo dijo la Eurodiputada del bloque Social Demócrata Cecile Kyenge hace dos semanas durante el debate de la resolución que condena el aumento de la violencia neofascista en el continente. Durante mi estadía en el Parlamento Europeo como representante del partido Liberal de Chile en ALDE (Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa) he notado como en Europa se repite los mismos síntomas de tenemos en el país, donde los discursos de odio han resurgido del anonimato y la clandestinidad, para posicionarse con “orgullo” en las distintas esferas del debate público, tanto en redes sociales como en las conversaciones cotidianas, y lo más peligroso, en política.

En Europa los movimientos neofascistas están creciendo a una velocidad no menor, amparado en un discurso que solo se preocupa de explotar los miedos más profundos de una parte de la población que se siente rezagada ante el nuevo escenario social, donde los populistas de corte neofascistas ofrecen una respuesta simplona a la desigualdad y empobrecimiento al señalarle un chivo expiatorio a quien culpar por su situación, explotando los miedos al diferente, al inmigrante y a las minorías étnicas. El discurso neofascista ha tenido resultados catastróficos en el continente, desde el ataque perpetrado por un terrorista de extrema derecha en Oslo y el posterior asesinato en masa de jóvenes en la isla de Utøya, motivado por el discurso anti inmigrante en 2011, el asesinato de la política británica defensora de la migración Jo Cox en 2016, en donde su asesino grito la consiga Britain Firts mientras cometía el crimen, o el reciente ataque a la Euro Diputada Eleonora Forenza en Bari por manos de militantes de la organización italiana neofascista Casa Pound. En política, partidos populistas de corte extrema derecha han logrado positivos resultados electorales, gobiernos como el italiano y húngaro que no temen en usar sin escrúpulos el miedo a la inmigración como un activo de campaña.

En Chile aun las organizaciones neofascistas y populismos de extrema derecha no tienen un poder político y social relevante, pero no por eso hay que hacer la vista gorda de su desarrollo y actividades. Ya vemos como algunos movimientos neofascistas salen a manifestar a la Alameda con su discurso de odio y a atacar al movimiento feminista (como lo fue en la marcha del aborto libre en julio de este año), vemos a diversos populistas celebrando sin tapujos el retorno de inmigrantes haitianos a su país y también vemos a políticos que en vez de desarrollar un discurso serio, que ofrezca soluciones viables y esperanza, caen en el facilismo (y mediocridad) y solo se dedican a explotar los miedos de los ciudadanos que se sienten desplazados de una sociedad cada vez más global y progresista.

Es de vital importancia prestar atención a las declamaciones de ultra derecha, dejar de subestimarlas y no hacer la vista gorda, porque estas palabras de discriminación, xenofobia y odio no pueden continuar pasando a la vida cotidiana. Es deber de las fuerzas liberales, socialdemócratas y cualquier ideología que tome la democracia como eje fundamental combatir estos discursos, y una de las mejores formas de hacerlo es proponer un relato, una visión de país que abrace la diferencia, la sociedad multicultural y un futuro atractivo e inclusivo para nuestros ciudadanos.

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