COLUMNA DE GUILLERMO MORENO EN DIARIO CLEVER: El Auge de la Ultraderecha y el Desafío del Progresismo

Por Guillermo Moreno, Vicepresidente del Partido Liberal de Chile

La irrupción de la ultraderecha no es algo inédito, tampoco un resultado repentino. Ya ha transcurrido cierto tiempo desde que este proceso se viene gestando. Si en el siglo XX fue la gran crisis económica desatada en 1929 -La Gran Depresión- aquel elemento propiciador, en la actualidad el ascenso de las versiones más radicales de la derecha también tiene su detonante en contextos de crisis: migratoria, en Europa, y de corrupción, en Latinoamérica.

Trump en los Estados Unidos, Matteo Salvini en Italia, Marine Le Pen en Francia, Viktor Orbán en Hungría, Jaroslaw Kaczynski en Polonia, y ahora el reciente triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil, vienen a confirmar el avance del nacionalpopulismo. Con discursos de invocación radical de ideas nacionalistas y de hostilidad frontal ante las minorías -étnicas, migrantes y sexuales- bajo lemas como “make america great again” o “prima gli itliani”, hoy vence el “Brasil encima de todo, Dios encima de todos” del ex capitán del ejército y ahora recién electo presidente brasileño.

Pero más allá de cualquier interpretación al respecto, hoy resulta fundamental que las fuerzas liberales y progresistas, el mundo del centro político y la izquierda democrática, tenga un análisis claro de las razones que han favorecido el apoyo electoral de gran parte de la población a esta clase de liderazgos, y esto implica una indispensable reflexión autocrítica sobre las responsabilidades que caben en esto. Porque sí, efectivamente existe un predominante componente de “voto de castigo” frente a gobiernos y partidos involucrados en tramas de corrupción y fraude -Gobierno de Lula da Silva y el PT-. Sin embargo, también existe la sensación extendida de que hoy el progresismo ha abandonado las agendas ligadas a problemáticas prioritarias -seguridad pública, empleo, crecimiento económico- por un discurso que privilegia a las minorías. Esto último ha sido aprovechado por la ultraderecha para sumar apoyos en su discurso racista, homofóbico y misógino, “políticamente incorrecto” como dirían aquellos que buscan bajar el perfil del discurso autoritario con tintes neofascistas.

De este alarmante escenario se desprenden desafíos ineludibles para el progresismo, condicionados por la necesaria autocrítica ya mencionada. Así, se hace imprescindible la construcción de un relato plenamente consistente con las necesidades más urgentes que se han instalado en la sociedad actual. No podemos negar que hoy la derecha ha logrado posicionar un discurso -por más nefasto que nos parezca- que ha producido, incluso, que valores que creíamos ampliamente asumidos hoy sean sacrificables en nombre del orden y la seguridad, lo que se resume en el “puede que sea racista u homofóbico, pero no es un ladrón”.

Erigirse como una alternativa capaz de contrarrestar la oleada neofascista y autoritaria, requiere de este relato, sustentado en propuestas y líneas programáticas concretas. Hoy debemos sostener con mayor fuerza ese consenso civilizatorio basado en la democracia, los derechos humanos y las libertades individuales; demostrando su capacidad de enfrentar los problemas más urgentes de hoy en día. Porque la lucha contra la corrupción es coherente con la protección del estado de derecho, enfrentar la inseguridad es perfectamente concordante con los esfuerzos por seguir impulsando las libertades de la población LGBTI, estimular el empleo y la economía es ciertamente compatible con el fortalecimiento de los derechos sociales y reproductivos de las mujeres. Incluso, existen desafíos urgentes que las corrientes de la ultraderecha hoy miran con desdén, como el cambio climático y los desastres ambientales que son, no solo compatibles, sino necesarios de enfrentar con cooperación y coordinación multilateral entre Estados, y no con la formula aislacionista y nacionalista que promueven líderes como Bolsonaro y Trump al querer retirar a sus gobiernos de las instancias propias de la comunidad internacional.

Es una agenda progresista de futuro la que fortalecerá la capacidad de hacer frente al brote neofascista que hoy se asoma en la región. Por supuesto que esto supone la existencia de una clara voluntad política que ponga lo programático en el primer orden de importancia, y no la calculadora electoral, los afanes personalistas o los juicios autocomplacientes.

Nota original de Diario Clever aquí.

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