Escepticismo y liberalismo

Ensayo por Felipe Poblete Garrido

Abstract

            La presente comunicación tiene por misión y objetivo analizar la relación del término filosófico escepticismo con el liberalismo, para ello se hace una breve caracterización de ambos y una comparación con los dos paradigmas políticos que enfrentó en el siglo XX, tanto el socialismo y el fascismo. Se hace a su vez una argumentación a favor de la tesis de que el liberalismo y la democracia es el modelo político-social que más se ajusta a una actitud crítica y escéptica. Para finalizar, se hace una particularización y crítica a las vertientes del liberalismo, como son el liberalismo clásico y el libertarismo de derecha.

Palabras clave: Escepticismo, liberalismo, socialismo, fascismo, liberalismo igualitario, liberalismo clásico, libertarismo

El escepticismo y el liberalismo son términos que han caminado por caminos diferentes a lo largo de la historia de la filosofía, sin embargo, sus cruces no son menores, siendo la tarea de quienes nos interesamos por estas temáticas, el poder mostrar los cruces y coincidencias existentes, ya que ello nos permitirá mostrar que existen puntos unión en algunos planteamientos.

Para el caso del escepticismo, debemos señalar que su discusión se produce en el seno de lo que hoy conocemos como epistemología y en menor grado en la contemporánea filosofía de la ciencias, señalo en menor grado en esta última, ya que para reflexionar sobre el edificio de la ciencia, ya se debió de alguna forma haber superado o discutido sobre el escepticismo. Por tanto, podemos afirmar con cierta certeza de que el escepticismo es un tema de raigambre epistemológica, siendo su historia una rica sucesión de argumentos y tesis que –a grandes rasgos- vienen a cuestionar la seguridad de nuestra forma de conocer el mundo.

Los primeros antecedentes del escepticismo lo encontramos en la Grecia antigua, para el caso de la edad media la certeza que entregaba la revelación divina vino a eclipsar las suspicacias escépticas, sin embargo, no por ello no se hablaría de ello, muestra de esta cuestión son las disputas de San Agustín. Para el caso de los tiempos modernos, la temática se torna distinta y el retroceso que sufre la influencia del dogma cristiano hará que nuevamente brote el escepticismo, ello tendrá su cúspide en las conocidas tesis de Descartes expuestas en sus obras Meditaciones Metafísicas y El discurso del método, obras en donde se expone la llamada duda metódica la cual parte por cuestionar nuestras certezas más básicas hasta llegar a dudar de nuestra propia existencia, este proceso es conocido como la “duda hiperbólica” y será la estrategia metodológica que llevará a cabo Descartes para poder encontrar la certeza que tanto busca y que encontrará en el célebre cogito ergo sum. Para el caso contemporáneo, resurge la temática gracias al filósofo norteamericano –entre otros pensadores- Hilary Putnam, quien también se pronuncia contra el escepticismo y lo combate; celebre y muy discutido es su experimento mental de imaginarnos como cerebros en una cubeta y la discusión de si sería posible determinar si ello es efectivo o no.

¿Por qué nombramos el escepticismo junto al liberalismo?, lo hacemos porque desde los primeros albores del pensamiento filosófico, se discutió sobre la naturaleza y justificación del poder político, es decir, sobre su origen y legitimidad. Por razones de tiempo, no entraremos en el debate histórico sobre estos planteamientos, ya que no es el objetivo de esta comunicación, pero si señalaremos que acá hay un cruce entre liberalismo y escepticismo, ya que la epistemología tradicionalmente ha buscado responder a la pregunta por la justificación de nuestras creencias y el escepticismo viene a dinamitar las creencias que tenemos por verdaderas. Por tanto, preguntarnos por la justificación de nuestras creencias políticas es un ejercicio epistemológico que hemos realizado desde hace siglos en el ámbito político. ¿Por qué prefieres la democracia a los reinos?, ¿Por qué crees que una constitución mínima es mejor que una extensa? Son ejemplos de creencias que debemos justificar racionalmente.

Respecto al siglo XX, podemos plantear que el liberalismo se enfrentó a dos “paradigmas” políticos-sociales, los cuales -si bien es cierto hunden sus raíces en siglos anteriores- podemos identificar en la figura del socialismo y del fascismo, ambos paradigmas comparten algunos supuestos o prestan gran énfasis al rol del Estado dentro de la sociedad. Plantearé en este breve ensayo que ambos paradigmas están más lejanos del escepticismo filosófico que el liberalismo y que ello, los hizo caer en modelos dictatoriales; a continuación desarrollaré estas ideas.

Primero que todo y luego de haber bosquejado en párrafos anteriores una breve reseña histórica del escepticismo, debemos definirlo y señalar qué entenderemos por él. Por escepticismo entenderemos más que una doctrina en sí, que persiga objetivos específicos y cohesionados, a una actitud filosófica frente a las fuentes de nuestro conocimiento, es decir, sobre la experiencia. La actitud escéptica más que plantear tesis sobre la realidad, plantea cuestionamientos y objeciones a las tesis que plantea la ciencia y el conocimiento en general. Por tanto, la actitud escéptica –desde esta definición-, está muy cercana a la actitud crítica, ambas serían la base para el análisis y la crítica que la ciencia necesita para revisar sus tesis y progresar.

Tal como señalé, planteo que el liberalismo como ideología y modelo político-social, es el más cercano al escepticismo y por ende a la actitud crítica. Considero que un antecedente importante de esta cuestión, se encuentra en las tesis de Hobbes, el cual si bien es cierto, no es un liberal como filósofos como Locke, sí fue uno de los que puso los primeros cimientos para el surgimiento y auge del liberalismo, ello por sus tesis respecto a la naturaleza del pacto social y a la actitud laica que presenta respecto al poder de los soberanos. Considero que esta postura laica respecto al origen del poder, fue significativa por ser crítica de las tesis escolásticas y medievales respecto a que el poder de los reyes descendía directamente de Dios. Recordemos que Hobbes es un materialista y se declara ateo. Luego con las tesis de Locke y Rousseau[1], se producirá una defensa de la separación de los poderes del Estado, con ello queda cerrado el ciclo del liberalismo clásico en materia de teoría política.

Planteo y defiendo la idea respecto a que el liberalismo es la expresión política que mejor se compatibiliza con el escepticismo tanto epistemológico como respecto a las fuentes del poder y su uso. Para este caso, cabe nombrar brevemente al filósofo austriaco Karl Popper, quién en su obra La sociedad abierta y sus enemigos y en Miseria del historicismo, remarcará una aguda crítica a los regímenes totalitarios y a las dictaduras que ellos conllevaron. Popper planteará en su crítica a los totalitarismos, que no importa tanto el origen del poder, sino que importa su limitación y que las instituciones sean capaces de limitar sus posibles excesos. Además criticará enérgicamente la idea historicista de que existen leyes en la historia, las cuales, dicho sea de paso, serían comprendidas por los científicos sociales y entregadas a los gobernantes para que las apliquen. Estas ideas son contrarias a los regímenes totalitarios, los cuales creen poder conocer y dirigir a las sociedades por estas sendas de progreso. Si bien es cierto, Popper no descarta el progreso en el ámbito de la ciencia y la sociedad, niega que ella se alcance tal como piensan los historicistas.

Retomando nuestra discusión, debemos plantear que los planteamientos de Popper son escépticos respecto a la supuesta compresión de las leyes de la historia, ya que considera que la libertad humana hace imposible que existan tales leyes inmutables. Ahora bien, considero que debemos introducir un segundo matiz en nuestra caracterización del escepticismo y es su doble uso o sus consecuencias, frente a ello planteo que podemos caer en dos posturas frente al uso de la actitud escéptica, por un lado podríamos caer en un escepticismo total, que nos paralizaría y nos haría caer en una suerte de nihilismo y por otra, una “arista positiva”, la cual nos “protegería” de los excesos de confianza y de certeza en los cuales podríamos caer. Este exceso de confianza nos haría pensar que poseemos la verdad y que tenemos las claves exactas de cómo conducir la sociedad. Planteo que para el caso del liberalismo, la actitud escéptica bloquea este exceso de confianza y postula que la democracia liberal es sólo la mejor forma en la cual podemos organizarnos, pero no es infalible, sino que es perfectible.

Por otro lado y como contraparte, el marxismo al creer en el materialismo histórico apuesta por una certeza frente al curso de la historia y sobre el cómo debemos organizar nuestra sociedad. Tanto el socialismo, como el comunismo son deudores de la matriz marxista y por tanto, de una u otra forma beben del exceso de certeza que emana del materialismo histórico. Para el materialismo histórico, la historia se rige por leyes al igual que el mundo natural y pueden ser captadas por la inteligencia humana. Sin embargo, desde una perspectiva escéptica, podríamos cuestionar si tal afirmación es efectiva o no, además entra en juego la metodología que nos permitiría captar esta supuesta ley histórica. No entraremos en detalles sobre esta cuestión, nos basta con presentar el argumento de que en virtud de la libertad humana entendida como una propiedad emergente y de alta complejidad, resulta una suerte de reduccionismo el tener la creencia en que podemos captar la ley de la historia y aún más poder pronosticar el futuro. Si bien es cierto, comparto las tesis de Hempel de que es posible, así como podemos explicar los fenómenos, de la misma forma este método nos permitiría predecir eventos futuros, pero en el caso del desarrollo de las sociedades humanas debido a su alta complejidad, resulta compleja una apuesta como la que hace el marxista.

Por el lado del fascismo, al tener una suerte de mesianismo frente al rol de la nación en el destino de las sociedades, el nivel de certeza al que llega, es muy similar al marxismo, pero de diferente forma, ya que a diferencia del materialismo histórico que basa su evidencia -o que busca encontrarla- en la certeza de las ciencias, el fascismo se liga más a creencias cuasi-religiosas y cargadas de misticismo. Por tanto, el fascismo trata de buscar en el “espíritu de la nación”, lo que el marxismo trata de encontrarlo en las leyes de la historia. La evidencia en nuestros días, nos señala la estrecha vinculación del fascismo alemán con creencias proto-religiosas que hacían del carácter de führer y de la nación elementos casi mágicos.

Para ir resumiendo lo dicho hasta aquí, debemos señalar que sostengo la tesis de que la democracia liberal occidental[2] es compatible y ha bebido de los planteamientos escépticos, produciendo una combinación novedosa entre actitud crítica y escepticismo, la cual hace postular a la democracia como el mejor sistema posible hasta la fecha para organizar una sociedad, pero declara que ella no es perfecta pero perfectible. Defiendo además la idea de que la democracia liberal es el único modelo hasta la fecha que puede protegernos contra las dictaduras y tiranías, ya que es escéptica frente a la arrogancia de que podemos alcanzar la certeza en el cómo dirigir una sociedad, no tenemos certezas, sólo – como diría Popper – tenemos buenas conjeturas que buscamos incesantemente poner a prueba. Por ello, el liberalismo lleva ventaja sobre marxistas y fascistas.

¿Pero qué pasa dentro de la familia liberal?, ¿son todos los liberalismos iguales?, claramente que no y existen diferencias muy importantes entre liberales clásicos, libertarios y liberales igualitarios o progresistas, por razones de tiempo no entraré en esta discusión y caracterización, pero si daré algunas luces sobre las diferencias gravitantes que separan a estos grupos de liberales. Como punto de partida, postularé que podríamos proyectar tres similitudes: en primer lugar un respeto y valoración por las libertades individuales, un segundo punto sería el respeto por la ley y la propiedad privada y como tercero, me atrevería a decir que se comparte la predilección por el capitalismo como mejor sistema productivo. La primera diferencia pese al punto de comunión entre estos tres puntos y el único que tocaré en esta ocasión, será el que el liberalismo igualitario guarda cierto reparo con su preferencia por el capitalismo, más bien ve al capitalismo como una fase no a conservar tal cual -como sería el agrado de libertarios y liberales clásicos-, sino que lo ve como un modelo que necesita urgentes reformas y modificaciones en al menos dos puntos, el primero de ellos es que el planeta va hacia una catástrofe ambiental sin precedentes y se hace necesario un resguardo y políticas mundiales – ya no sólo nacionales – frente a la problemática medioambiental, ya no es posible que el capitalismo siga tal cual está, ya que el deterioro que ha causado al medio ambiente debe ser frenado y enfrentado con políticas que deben provenir tanto del mundo privado como estatal. En segundo lugar, el modelo actual de capitalismo hace incompatible la superación de la esclavitud y el trabajo precario, aún no podemos terminar con estas paupérrimas formas de explotación, ello hace urgente el que el Estado y la ley entren a jugar un papel crucial para terminar esta situación.

Ahora bien, creo que frente a los dramas expuestos, el escepticismo también debe seguir trabajando dentro del liberalismo, no podemos tener la fe ciega que parece tener el liberalismo clásico y los movimientos o grupos libertarios, frente a la no intervención del Estado en materia económica. Recordemos que la crisis del 29, nos demostró que la economía no es una ciencia netamente matemática, sino que es más bien una mezcla de economía y política, por tanto, las medidas que en ella se implementen deben estar de la mano con cierta regulación por parte del Estado y sus leyes, debemos ser escépticos frente a la fe que presentan los grupos libertarios y anarco-capitalistas frente a su negativa de que exista cualquier tipo de intromisión del Estado; así como para el marxista existe el paraíso en la tierra gracias a la dictadura del proletariado, para los grupos citados, existe la candidez de que el mercado por sí mismo resolverá todas las problemáticas que el siglo XXI nos presenta en materia político, económico y medioambiental.

En un segundo punto, debemos levantar sospecha y ser escépticos frente a una defensa irrestricta del modelo económico y político tal como está, ya que de las tesis de liberales clásicos y libertarios, se vislumbra una suerte de defensa del estatus quo que los hace estar y compartir intereses con los grupos conservadores, planteo esto ya que no parecen tener en mente un mundo donde exista una verdadera movilidad social y transformación estructural de la sociedad, más bien vemos unos planteamientos que serían afines con la concentración de poder económico y político, ello a contra pelo de los cimientos del liberalismo que son la igualdad, la libertad y la fraternidad. Por ende, una realidad muy distinta a defender por parte de los viejos modelos y poderes conversadores. Por ello, debemos ser escépticos y suspicaces con los grupos que se digan liberales y que no quieran competir en la escena política y muestren rechazo hacia la democracia, ¿acaso prefieren una aristocracia?, vale la pena ser escépticos frente a estos objetivos que puedan estar escondidos bajo la defensa del estatus quo.

Para finalizar debemos señalar que el liberalismo igualitario ve con ojos críticos un modelo donde el Estado se convierta en un aparato represor y asfixie las libertades individuales tal como ocurre hoy en día en Corea del norte, Cuba y Venezuela, planteando que los modelos que más se ajustan a un liberalismo critico y escéptico son los modelos de la Francia de Macron, la Canadá de Trudeau y las experiencias de Holanda y Suecia, las cuales han sabido compatibilizar un liberalismo económico acorde con las necesidades medioambientales y el respeto y promoción de las libertades.

 

 

 

[1] No considero a Rousseau como un autor que pueda definirse netamente como liberal, pero sí fue un importante precursor de ideas relevantes de este paradigma.

[2] Con ello, no quiero decir que otros pueblos no occidentales puedan tener una mejor forma de organización, sólo me estoy refiriendo a las experiencias occidentales del siglo XX.

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