Gran expectación ha provocado en Inglaterra el caso del pequeño Charlie Gard, quién padece una enfermedad irreversible y que ha sido desahuciado por los médicos. El caso se ha vuelto viral ya que el cuerpo médico ha señalado que el menor debe ser desconectado, lo cual ha llamado la atención de líderes mundiales como el Papa Francisco y Donald Trump. Este caso -a nuestro juicio- no es sólo un caso aislado y que tenga que ver con el llamado “primer mundo”, sino implica una discusión mucho más profunda, como liberales creemos que debe hacernos reflexionar respecto la eutanasia y la decisión sobre ella.

Columna escrita por Felipe Poblete

 

Como liberales estamos a favor de la eutanasia, entendida ella como “el buen morir”, no consideramos que vaya en contra de la ética médica, ni contravenga el principio de beneficencia que los médicos deben perseguir respecto a sus pacientes. Pero el tema de Charlie nos pone en un dilema aún más complejo, ya que el afectado no está en poder de decidir sobre su propia vida, por tanto, no estaría haciendo uso de una eutanasia tradicional. Consideramos que el dilema o problemática se centra en quién debe decidir sobre la vida de un ser que no puede opinar sobre su destino. Como liberales, nos oponemos al monopolio de la decisión por parte del Estado y abogamos porque sean siempre los sujetos los que decidan haciendo uso de su libertad y juicio, pero tal como señalamos, en este caso no es posible dado lo prematuro de niño y su severo daño neurológico. Si bien es cierto, por ser éste un menor de edad, son los padres los que tienen las atribuciones legales y deberían ser los primeros en opinar sobre el caso, pero – a nuestro juicio – se hace necesaria una discusión como sociedad sobre este tipo de problemáticas, ya que afectan no a entes individuales separados del mundo, sino que a entes sociales que actúan bajo una comunidad y su moral. Estamos a favor de un debate abierto y sin la preponderancia que los medios dan a los poderes religiosos y conservadores que tratan de sacar partido de cualquier situación de esta naturaleza para poder intentar promover sus creencias sobre el Estado. A su vez, creemos en que el Estado también debe tomar cartas en asunto y promover la discusión, en particular en países como el nuestro donde estas problemáticas parecen novedosas.

Es cierto que no esperamos sólo del Estado un pronunciamiento, sino que lo buscamos de toda la sociedad civil, pero creemos que al menos en el plano educativo debería promoverse la discusión y reflexión ética sobre estas problemáticas de manera más eficaz, cosa de que la población esté al tanto de las implicancias y problemáticas que arrastran estos temas. Para el caso nuestro, aún no se ha puesto en la palestra el tema de la eutanasia y tímidamente con casos que toman un grado excepcional de publicidad como el caso de Valentina Maureira, se hace eco de la problemática.

Consideramos que como liberales la agenda debería tener dos puntos, en primer lugar debería discutirse y legislarse a favor del derecho a la eutanasia junto con su acceso a todas las personas que la deseen y al fortalecimiento de una sociedad laica que vea la muerte no como un mal a evitar, sino como una parte más dentro de la vida y de la existencia de los sujetos. Abogamos porque sean los propios individuos los que decidan sobre la construcción de sus planes de vida, así como de su primer plano en las decisiones que estos tomen y sea respetada su voluntad por un Estado laico que entiende que en temas tan difíciles y de poca certeza como lo son los temas valóricos el mejor juez siempre es el sujeto mismo y no las creencias de ciertos credos que tratan de imponer a los demás a pensar como ellos.

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